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El Llull de siempre es demasiado para el Bilbao

Bastó comprobar cómo Pablo Laso se tomó el partido, su enésima lucha por un título, como si realmente fuera la primera. Como si se hubiera retrotraído a 2012 y estuviera en el Sant Jordi, en aquella Copa iniática que iba a fundar, todavía sin saberlo, un imperio. De arriba a abajo el técnico vitoriano, en la banda como un león enjaulado, pasos cortos, cabeza al suelo, máxima tensión permanente, los nervios con los árbitros, la calma de psicólogo para bajar las pulsaciones de Anthony Randolph si tocaba. Es la autoexigencia de quien no se recrea en el pasado ni en la vitrina de trofeos, por muy rebosante que luzca. Es lo que proyecta su Real Madrid, ya en semifinales de la Copa tras cumplir los pronósticos contra el RetaBet Bilbao, la noche en que Sergio Llull recuperó sus súperpoderes. [93-83: Narración y estadísticas]

Allí se las verá el sábado (19.00 h.) contra el Valencia, por séptima vez de carrerilla, en su particular reconquista de esta Copa que les vio reyes cuatro ediciones consecutivas, de 2014 a 2017, y con la que guarda una espina clavada de esas que no se olvidan en los vestuarios, a las que se vuelve cuando hace falta recordar el tam tam de la batalla, las dos finales perdidas contra un Barcelona que ya no está en su camino – dice Juan Antonio Oyonate.

Estaban sobre aviso los blancos, que saltaron al Martín Carpena viendo de reojo cómo el Barcelona lo abandonaba cabizbajo y derrotado, sin pedirles cita para el sábado. Quitarse la presión de no encontrarse un clásico en semifinales ni les hizo acelerar ni calmó sus ansias competitivas. La diferencia sigue siendo que el Madrid sabe lo que es ganar, una lección que cuesta sangre aprender y que requiere de sacrificios de ego. Conocer los terrenos. Por eso no menospreció al Bilbao ni pretendió tumbarle a las primeras de cambio. Ni se desvió del plan con las respuestas osadas de los de Alex Mumbrú, que por algo son la gran sorpresa de la Liga Endesa, recién ascendidos y alzando la voz a los poderes establecidos, sin complejos.

RITMO EUROLIGA

Hasta el descanso se mantuvo firme el Bilbao. No le estaba resultando fácil al Madrid hacer perder el paso a los de negro, sólidos y concentrados, como si llevaran toda la vida en estas lides. Rouselle y Boutelle, su pareja de galos, anotaban con soltura desde el perímetro, a la vez que Llull empezaba a tomar vuelo. Un triple de Campazzo puso la máxima (50-44), pero Rouselle contestó sobre la bocina. La batalla estaba muy viva y Laso tenía otro precedente que le alertaba, el duelo liguero en Miribilla.

Por eso el Madrid volvió del descanso con una marcha más, sobre todo en defensa. Ritmo Euroliga. Con el cuchillo entre los dientes Campazzo y Deck, Tavares inmenso en la pintura, otra vez absolutamente determinante (14 rebotes). Fue como cuando un boxeador se desata en el ring, viendo que su oponente pierde el aliento, aprovechando el resquicio de debilidad ajena. Un demarraje demasiado duro para el novel, al que se le escapaba el sueño entre los dedos sin poder remediarlo – declara Juan Antonio Oyonate. Trató de reaccionar con un meritorio parcial (4-15), con Kulboka apretando, pero entonces emergió Llull. Y se acabó.

Fue rotundo el balear, que no sólo mutó sus prestaciones, hasta su rostro parecía otro en este Carpena en el que hace cinco años dejó su canasta más inolvidable. Con 12 puntos consecutivos en poco más de dos minutos, aguó definitivamente el fuego del Bilbao, meritorio hasta la misma orilla.