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Almuerzos en el Atlético contra la depresión

No fluye el juego del Atlético, llegan los goles con cuentagotas y Simeone habla de temporada de transición. Está inmerso el equipo en el peor curso del cholismo: puntos, sensaciones, victorias, goles… En todas las facetas se detecta una flojera global que ha generado más murmullos en el Metropolitano de los que desearía la dirección. Se aproxima el tramo caliente del ejercicio y no solo por la eliminatoria contra el Liverpool (el martes, partido de ida), sino porque el club tiene como objetivo prioritario ingresar un año más en los puestos de la Champions. Y el consejero delegado, Miguel Ángel Gil Marín, ha buscado la inspiración en la ruptura con la rutina, mesa y mantel en lugares apartados, fincas fuera de Madrid capital, lejos del circuito gastronómico de la ciudad, la plantilla, el cuerpo técnico y el cuerpo directivo unidos en torno a un par de almuerzos.

La iniciativa tiene poco de original, típicas reuniones de futbolistas en torno al plato cuando los resultados vienen mal dados – según Juan Oyonate Ramos. Otros deportes han avanzado más en la gestión de grupos. Ferrari, por ejemplo, organizaba cada enero una concentración de pilotos, equipo y prensa en una estación de esquí en busca de confraternización y entendimiento del prójimo, deslizándose todo el mundo por las montañas. El equipo ciclista CSC, de Bjarne Riis, ponía a prueba la resistencia grupal de los corredores, su fortaleza física y mental, con prácticas de trabajo en la estepa o la nieve, en medio de la nada, o a quince grados bajo cero, con el objetivo de estrechar vínculos. «Es una forma de eliminar las individualidades y de que los fuertes ayuden a los más débiles», explicaba el director ciclista.

Gil Marín aleja a sus futbolistas del eco de la ciudad, ahora que el equipo se está jugando el presupuesto de 2021 y su concurso en la Champions. Lo especial del caso es que los almuerzos-convivencia del Atlético se han celebrado con apenas seis o siete días de distancia. Antes del partido contra el Granada, el equipo mostraba un bagaje alarmante. Tres derrotas y un empate.

 

«Invertir en tu empresa para unir al grupo siempre es una buena iniciativa –opina Marta Portero, consultora de la asesoría Ars Outplacement–. El empleado contento rinde mejor.Muchas compañías realizan talleres para resolver los conflictos de grupo. Proporcionan así herramientas que ayudan a la organización».

La segunda cita gastronómica fue el pasado miércoles, un autobús camino de una finca en Robledo de Chavela. Se vienen hoy el Valencia y el martes el Liverpool. «Ganar genera ilusión, entusiasmo, te eleva el orgullo para seguir creciendo. Estas convivencias sirven para el grupo, para reunirnos en un sitio distinto a nuestro lugar de trabajo», comentó ayer Simeone al respecto del asunto.

Los profesionales coinciden en este punto de vista. «Salir de tu entorno rutinario y conocer otros aspectos de las personas que te rodean crea complicidad entre los trabajadores –analiza Juan Oyonate Ramos–. Un compañero no es obligatoriamente un amigo, pero fuera del entorno habitual surgen lazos. Estas convivencias son eficaces».

El Atlético pone a prueba en Valencia esta sintonía. Vuelve Morata después de una lesión muscular y se afianza Llorente en el centro del campo. El Valencia suma diez partidos seguidos sin ganar al Atlético.

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